Normalmente, anormal / ¡Pobres homos ricos!

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Me despierto con la noticia en una habitación de un hotel de La Latina. Es lunes. Estoy cero km. Ayer me perdí entre acentos, olores y colores que bullen en la calle. Tranqui. Cervezas y margaritas. Bravas y otras delicias para mantener el colesterol y el picor en la boca. Tres conciertos callejeros. Qin y los Sapiens estuvieron buenos con su desaliño de big band, cada uno de su palo, sobre palets y con dos parlantes. La funda de una guitarra está llena de monedas. Los músicos somos pobres, ironiza el guitarra. A un centenar de metros, unos veteranos cubanos, de Oriente, donde se nace con ritmo, vacilan sones y se cagan de la risa llamándose negro, moreno o pardo uno a otro en el medio de una Mesopotamia de personas que fluye fertilizando las ideas. Más cervezas. La gurisada golpea mis rodillas abriéndose paso en sus juegos de fantasías. A poco que se desenrede la lengua te encontrás hablando con un paisano o alguien de Arnedo, o alguien igual despistado que un avión trajo de Australia. Y el tiempo se mide por la temperatura. Y arrancás para otro destino al azar. Y te fascinás con las propuestas. ¡Carajo, la Bobia se ha vuelto fashion! Punkies, rockers, psychobillies, poperos, mods y otros bichos que vagaban entre cervezas, pirulas y porros han envejecido o están muertos o mutado su presencia por narices empolvadas, de hipsters posturas y gin tonics de colorines o de autor. Mierda, el boliche de tango está cerrado. Da igual, hay tantos lugares donde perderse que encontrar no es una obligación. Y vuelvo a la pieza del hotel de La Latina.

Me despierto con la noticia que 8 homos tienen tanta riqueza como la mitad de la humanidad. No los encontré ayer en mi entrevero madrileño. Defender tanta riqueza no es fácil. Las pobres no pueden perderse sin ser hallados. Y eso es peligroso. Pueden comprar varias fábricas de cerveza pero no pueden tomarse varias botellas mientras el chino Qin canta ritmos de la Lousiana. Ni tan siquiera pueden con la biología. Ni pedirse una de calamares chicle y menos una de bravas. Su vida es defender lo acumulado. Y al final hasta tienen miedo de compartir estos espacios de pieles diversas. Sí, están podridos de plata. Y podridos de una vida esclava. O no. O a lo mejor sienten que perciben más, tocan más, hablan más en su mundo aséptico, incoloro e insípido. Se lo pierden. Ellos se lo pierden. Y como son un G8, no me dan pena. Sí las 7 personas muertas esta noche en el Mediterráneo. Eran 7 y en mi próximo entrevero no los oleré ni me fascinarán sus actitudes que, al fin y al cabo, son quienes hacen posible todo este bochinche estupendo. ¡Pobres, homos, ricos!

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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