Instantes / El hermano de Pelé

La cancha de Argentinos Juniors disfruta de una tarde de alegría. Ganan cuatro a cero a Newell´s Old Boys y un botija uruguayo es el protagonista con tres goles. En la tribuna, su mamá junto su hermana asisten por primera vez a verlo jugar como profesional. Lloran sin consuelo. Alguien diría que no era para tanto llanto ese hat trick del muchacho. Alguien.

La historia comienza donde la pobreza es tan natural que nadie gira la cabeza que está al borde de la ruta. En las afueras de Montevideo. Punta Rieles. Una familia de siete despierta cada día sin molestar para hacer posible lo que para otros sería ahogo. Tres gurisas, dos botijas y los viejos. Y mucho campo y calle de tierra para jugar a la pelota. El mayor apunta maneras. Le pega bien con ambos pies. El menor también pero destaca su condición física. Son hermanos y amigos. Qué no siempre se da. Uno va abriendo las puertas que el otro atraviesa. Uno le ríe a la vida y el otro la pelea. Cuando llega ese instante que los viejos siempre plantean, trabajo o estudio, el mayor, obedece a regañadientes y marcha para el cuartel a probar suerte como soldado. El ejercito se nutre de la pobreza. El menor arranca para los estudios y el fútbol y a fuerza de metas empieza una carrera en las canchas del mundo.

A los pocos meses una revisión médica le detecta un problema cardíaco al soldado. Lo bajan del servicio. El pronóstico es malo. El menor, ya en Argentina, aporta plata. Hay que buscar un buen médico. Catorce horas de operación y no queda nuevo. El menor se vuelve mayor y éste decide que como tiene el pasaje de regreso a la nada, la disfrutará. Cómo siempre. Cómo se debe. El desenlace se escribe en un quirófano. Postrero intento de asir a la vida a un muchacho de 23 años. Un muchacho que llegó a la familia de otra panza para suplir un drama de una muerte súbita. Un muchacho que se convirtió en el mayor. En el mimado por los viejos. El admirado por los hermanos. Granuja simpático, juerguista incorregible. Sin metas. Con amigos que eran hermanos.

La muerte está ahí y a todos les llega, recuerda el menor que empieza el retorno de una carrera de éxito, y hay algunas que se transforman en fantasmas que acompañan y todavía aconsejan, suele decir a poco que se revise su historia.  Por eso, cuando la Paternal, después de sus tres goles, comenzó a cantar “y ya lo ve,… y ya lo ve,… es el hermano de Pelé,… y ya lo ve,… y ya lo ve,… es el hermano de Pelé”, nadie entendió el llanto desconsolado de su familia y el gesto de Palito apuntando hacia el cielo.

Dos días después, en una entrevista de televisión le preguntaron  a qué era debida tanta emoción ya que el canto, aunque cariñoso, ponía el acento en el color de su piel. A Palito se le humedecieron los ojos y respondió: “Pelé era como llamábamos en casa a mi hermano mayor”.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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