Normalmente, anormal / Los NORMALES

1960-la-calle-era-nuestra

Empecé el año con la esperanza de no volverme un autista virtual. Digamos lo que digamos, el mundo de las redes acompaña la soledad (nadie las utiliza si está en compañía plena, de las que mueven el piso) y entretiene con música de fondo. Además, por suerte, hay muchas personas en similares circunstancias que aportan algún artículo interesante o una imagen para observar con detenimiento o una canción olvidada o encontrada. Es decir, se puede hacer un buen uso de vez en cuando en las horas que no nos esclaviza el asunto de vivir y procurar la plata para tal menester. Y hasta, por qué no, se tolera cierto ego expositivo.

Lo que me cuesta soportar, y de ahí ese constante impulso de marcha de las redes sociales, son las frases de autoayuda que se suelta como si solo hubiese un contexto, una misma situación y una única salida. Y como en la religión católica, hay un(a) cura para cada situación. Tampoco las cadenas que son condenas. Y menos las que apelan a una fuerza invisible para luchar contra una enfermedad. O los que te la explican. Y sintiendo la inapelable pérdida, aunque me guie el respeto, todos aquellos que retransmiten su padecimiento. No me sale un qué bonito, qué emotivo. No hace mejor o peor persona el compartirlo, pero como desconocido y no íntimo, leer estas situaciones no varía mi percepción de la persona. Decir lo contrario es ser, a mi juicio, hipócrita.

La cuestión es que hay por las redes otra tendencia que en estas primeras horas del año mis contactos comparten y desde ya ruego que se omita notificármelo si la mano persiste. Son los normales.

Más o menos, las normales escriben que “si creciste con comida casera, montabas en bici sin casco, te daban una bofetada si te portabas mal, no tenías mando a distancia y pocos canales en blanco y negro, rebobinabas las cintas con boli, salías con poco dinero, jugabas en la calle, hacías dos horas de digestión antes de bañarte, usabas ropa heredada y… saliste NORMAL” piden que se comparta. Los hay más cool, que apelan a “si leíste comics incorrectos, viste películas porno, fumaste drogas, te emborrachaste, condujiste sin cinturón… y saliste NORMAL, compártelo.

Verán ustedes, señoras y señores (el culo me da temblores, compartilo), vivimos una infancia y juventud que tan solo fue un instante dado. Antes, nuestros viejos reivindicaban la radio, los coches a palanca, el cinematógrafo con pianista incluido, los bailes en el barrio, los tranvías y matar pajaritos con la honda. Y antes, nuestros abuelos el placer de montar a caballo, la vitrola a 78, la parra en el fondo de la casa, cazar y disecar los sapos de la puerta, leer los periódicos con sus páginas de humor y jugar a la guerra de bosta. Por favor, no rompan con que lo nuestro fue lo mejor. Fue.

Y al hilo que se consideran normales deberían cuestionarse cuando perdieron esa normalidad que ahora reivindican. Porque fuimos nosotros los que llenamos las calles de coches. Fuimos nosotros los que saturamos el dial con canales. Fuimos nosotros los que nos colgamos del celular, de los juegos electrónicos, de la realidad virtual. Fuimos nosotros los que oscurecimos la calle. Fuimos nosotros los que cambiamos o dejamos de leer literatura. Fuimos nosotros los que olvidamos cuando no regalamos los comics. Fuimos nosotros los que dejamos de hacer ruido. Quizás a los veinte pocos ya los esclavizó una empresa y con el dinero abultando en los bolsillos tocaron arrebato para comprárselo todo. Y a los treinta y algo ya babean cansancio en un sillón frente al televisor. Y qué decir de los cuarenta y muchos, fuera de forma de tanto sedentarismo protestando porque la vida hace ruido, porque después de doce horas en el trabajo los niños piden juego.

Eso de vernos normales y hostiles hacia estos momentos que otros protagonizan, es una más de nuestras impotencias, de nuestra falta de sueños, de castillos en el aire. Normal serías si te bajases a jugar a la calle con los chiquilines, si escondieses el coche para liberal el espacio, sin apagases más horas la televisión, si jugases con la gurisada a sus juegos de ordenador o teléfono, si hicieses el esfuerzo de entender su música que no es difícil y te ayuda, si alentases que escriban de cualquier forma pero que escriban, si les o nos muestras tus comics sin el pudor de una equivocación juvenil, si le sacas tiempo a tu trabajo para estar, para cocinar lo tuyo y no lo de tu abuela, para pasear dando el cante, si decides bailar apretando, si sigue el sexo siendo un descubrimiento, si no te preocupa ser políticamente correcto en tus formas porque adentro, ahí adentro, lo eres, si compartes tus referencias en casa o en las redes sociales sin temor a la crítica de las otras personas NORMALES, si, si, si…

Así que te aseguro que hice esas cosas y muchas más, que las sigo haciendo y además también ahora hago otras igual de normales o anormales. Cuestión de gustos.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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