Para Google, Pepe Mujica es un bichicome

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(imagen de la búsqueda en Google)

Hay una realidad incontrastable: Google se nos metió por la puerta trasera en nuestras vidas.  Recuerdo a una joven colega rezongarme, en el 2000, por no ser adicto al buscador que ya se consideraba “la biblia de la comunicación”. El mundo estaba frente a tus narices y cada vez más rápido. Los informáticos, centralidad de muchas empresas, enseñaban trucos para afinar la búsqueda, para generar un efecto en cascada que posibilitaba ir más allá de lo buscado. Y se pasaban las horas hurgando por las entrañas de mundos transfronterizos. Seducidos y embriagados nos entregamos a esa felicidad de encontrar, sin esfuerzo cualquier cosa que nuestra mente demandase. Navegábamos hasta por diez páginas hasta que caíamos que las direcciones se repetían (creo que por suerte hoy nadie pasa de la primera). Así surgieron los complementos especializados que otorgaban posicionamiento. Diccionarios, enciclopedias, portales, traductores… Y por fin la leyenda de las trompetas derribando los muros de Jericó, tomó carne y hueso. O algoritmo. Lo mejor posicionado, la antigua parte superior de una página impar de un diario que hoy son las entradas tras la publicidad, dicta sentencia. Y es creíble porque muchos entran, no por la veracidad de los datos. El buscador y el algoritmo.

Hoy, un sopapo en plena jeta me espabiló la siestita de la vida. Una coincidencia. Resulta que hay una historia que llevo una semana queriendo contar sobre mi diaria. Las historias siempre proponen los tiempos y discutirlas es perderlos. Es una historia de dignidad callejera que no contaré hasta que vuelva a pasar el tren. La fui mascullando mientras caminaba, emparejando visiones de infancia y de juventud con la que desde hace unas semanas me cruzo. Y aparecieron los bichicomes, personajes fascinantes y temidos. Y todo fluyó. La cuestión es que hay varias versiones sobre la etimología del término bichicome y, cómo no, entré en Google.

Si bien el posicionamiento de una página en el motor de búsqueda viene dado por las veces que se busca, en términos generales (el más solicitado va en primer puesto), también es cierto que existen mecanismos para colocar ficticiamente una página en lo alto de Google. En las imágenes el procedimiento es similar, pero con una gran diferencia: la imagen se adscribe a un término, no a una dirección. Lo que vemos es lo que significa. En el general, nos ofrecen un mediador en forma de dirección o plataforma que nos permite en una primera lectura saber si lo que encontraremos tiene o no una carga ideológica. En el caso de bichicome, por ejemplo, nos salen diferentes direcciones que nos remiten a la etimología, al diccionario, etc. Si lo buscamos por “noticias”, aparecen hechos noticiables protagonizados por quienes son llamados así. Pero, en “imágenes”, salen a pecho descubierto las personas que, supuestamente, representan visualmente al término.

Un presidente bichicome

Según la Real Academia de Lengua (RAE), bichicome (uruguayismo) es: persona indigente sin hogar, que vive de desperdicios. Es decir, un vagabundo, un indigente, un mendigo o como se dice en Argentina, un linyera. O, como lamentablemente asistimos impávidos, una persona desocupada, jubilada o migrante.

La remota posibilidad de encontrar al Dios Verde, la Señora de Rojo o el Sopanavas de mi infancia, me llevó poner el cursor sobre el menú de imágenes y allí, la primera que Google ofrece, es la de Pepe Mujica, el ex presidente de la República Oriental del Uruguay: “el bichicome de Google”. Y no una vez, bastantes, entremezclados con quienes el infortunio o esos accidentes de la vida, los ha llevado a vivir en la calle. Probablemente el título de “presidente más pobre del mundo” confunda al algoritmo. O a quien plantea su fórmula. Sé que para Mujica será una anécdota pero imagino a un estudiante de una ciudad lejana que aprende español y que arrastrado por la curiosidad de ir más allá en sus búsquedas por internet concluye que Mújica es sinónimo de bichicome. Y sin menospreciar una situación de calle, la realidad es otra. Podría ser la primera imagen cuando se busca “dignidad”. No, para eso no personas representativas. Estas ventanas al mundo tan fundamentales en nuestras vidas (sorna gallega) son mucho más peligrosas por la ilimitada capacidad de deformar que tienen sus algoritmos. Quizás uno se sienta a salvo de la realidad que la electrónica construye pero da pavor pensar en los cientos de millones que asumen valores y conceptos, verdades y certezas buscando en Google. Y, por supuesto, una imagen no vale más que mil palabras.

https://www.google.es/search?q=hijo+de+puta&biw=1137&bih=635&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjfxqmzz6vQAhUS24MKHbtgDF4Q_AUIBigB#tbm=isch&q=bichicome

 

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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