Normalmente anormal/ Lubrifica tu sexo con la mirada, dura más el motor

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(Julia Sánchez Montéis)

El televisor, centralidad de los hogares y por donde entra la interpretación de la realidad, suele ser sintomático acerca de cómo nos ven los que mandan como sociedad. No debería tomarse uno muy en serio los mensajes que emite porque están construidos por mortales igual que cualquiera de nosotros y con una preparación, sobre todo en ese misterio llamado marketing donde todo tiene cabida, digamos, condicionada. Hay un mito sobre las grandes empresas o corporaciones, que son los que mandan, donde la simple envergadura les cualifica, casi los vuelve infalibles, sin contar que las empresas se desarrollan en la maraña de informaciones privilegiadas, corrupción, monopolios, dumping y ventajas varias al alcance de quien detenta el poder. El make in yourself y la libre competencia es una milonga que adereza la ensalada mental de las personas que emprenden y que, como mucho, las situará en esa pelea del autónomo. Dicho esto, lo que dice el televisor es importante para la mayoría de las personas, sea bajo el formato de publicidad, encastrado en programas ómnibus o en las noticias y es una guerra perdida argumentar en su contra. Son las reglas del juego en estas latitudes y los códigos éticos van por otros derroteros.

Así pues, el spot publicitario de una conocida marca de preservativos, de las que periódicamente sacan estudios (realizados en alguna agencia de comunicación, relaciones públicas e imagen y firmados por algún miembro de la universidad u organismo relevante, previo pago de la signatura) sobre tendencias, frecuencias, edades y hábitos en el sexo, afirmando la necesidad de un gel porque “a los 8 años las relaciones sexuales se gastan”, me toca las pelotas. ¿Por qué a los 8 años y no a los 6, al mítico y marketiniano 7, a los 9 o a los 4 que otros pajaritos fijaban como el punto de inflexión de una pareja? ¿Y con untar nuestros sexos, llega? ¿No deberían existir otros geles para la lengua, las manos, los pies? ¿Y para la mirada? ¡Qué decir para el cortocircuito que se genera en tu cabeza con el deseo maridado con el morbo y el aroma de dos cuerpos a punto de ebullición! Parece ser qué no. Qué a los 8 años, según sus estudios, nos miramos con displicencia y lo hacemos mezcla de automatismo y gravedad. Porque, para la empresa, todo es una cuestión de pistonear y de ser válvula de admisión.

Y si todo es una mierda a los 8 años, ¿por qué prolongarlos con aditivos? ¿Será cuestión de preservar los vínculos de la familia, de la pareja como mínimo común divisor? No haré defensa alguna de cualquiera de los millones de combinaciones posibles en nuestro relacionamiento. Es cierto que hay en alguna parte el maridaje perfecto, puestos a pensar en pareja. También que desde un principio y, de alguna manera, todos sabemos las pequeñas renuncias que tarde o temprano te hacen objeto de spot publicitario. Ahí está la clave, vivir feliz o hacerle caso al televisor: lubrifica tu sexo con la mirada, dura más el motor.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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