Chechu

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El tipo se llama Chechu. Cuarenta y pico prácticamente sin uso. Medio pelado, con esos quilos de más de la indolente déjà vu diaria del funcionario y con una vista ociosa que demandan lentes para ver lo que no le interesa. Es como uno de esos muñecos con los que las tías abuelas decoran sus camas de sueños infantiles incumplidos. Sepia y naftalina. Hay algo de perverso en su sonriente rostro cerámico. Algo de puñalada traicionera. Sus ropas son anodinas, probablemente compradas por una mamá que aún le prepara el desayuno, porque habiéndolo castrado de chico, sólo resta aguantarlo hasta el liberador crematorio. La suerte está echada y que alguien aparezca capaz de soportar la inutilidad de su ser, no tiene boletos.

Trabaja en la oficina de empleo que no emplea. La que autoriza el pago del subsidio de desempleo. Su mesa es su estrado. Impoluta. De psicópata. Los 1,80 x 0,90m son un estado tan absurdo como una monarquía parlamentaria. Un estado al fin y al cabo donde él, y solo él, es la autoridad, quién decide si la persona es merecedora de su visto bueno para concluir el trámite. Sobre el equipo informático el calendario de un sindicato confunde a quienes se sientan para enfrentarlo. Podría ser un tipo comprometido. Chechu, no. Probablemente apareció una mañana a primeros de año y se olvidó de su presencia. Teclea con la espalda recta y a pesar de los años calentando silla, carece de gracilidad en sus dedos. Y usa el ratón. En realidad odia a la máquina, nunca habla con ella, nunca la acaricia, nunca juega con sus teclas a quitarle un gemido, una mínima excitación. Pobre máquina caer en sus manos esmaltadas.

Recibe sin saludar solicitando el carné de identidad como cree que debe hacerlo la autoridad. Distancia. Sobre todo distancia. En vano cualquier comentario amistoso so pena de ser interpretado como un intento de soborno. Ha visto demasiado y sabe que las personas gentiles siempre buscan saltarse la sacro santa legalidad. Es fácil imaginarlo en sus cenas diarias: una tortilla francesa y un vaso de leche mientras aburre a su mamá con sus triunfos laborales. Lo importante son los números de la cédula de identidad y sus ojos se vuelven botón de calzoncillo cuando la pantalla saca todos los ítems asociados a la misma. Es meticuloso chequeando la documentación en busca de la discordancia. Y la suele encontrar. Cuando faltan papeles le brillan los ojos de roedor tras los cristales llenos de huellas. Sin sonreír, su voz aflautada recita la sarta de falencias. Al terminar, mira con displicencia sabedor que habrá excusas, argumentaciones, por dioses. Hace cruces en las cajitas vacías de los formularios, repasa hacia adelante y hacia atrás lo aportado y se pregunta, pregunta, por qué ahora, cómo es, no será qué…

Ventura Malvino lo conoce. Hace un año lo encaró ante la insinuación de que no buscaba trabajo. Le llamó idiota. Le demoró dos meses el trámite en represalia. Ahora, tan sólo lo mide. Le pide un papel que ambos saben imposible. Malvino, después de dos años en el desempleo oficial, rebuscando en la basura de los trabajos sin papeles, trabajando gratis porque hay que apostar, haciendo cursos porque hay que estar, se le cruza el pensamiento de agarrarlo por las bolas y apretárselas hasta que saque la lengua o se le disparen los ojos de la orbita. Se pasa la mano por la cara maldiciendo el sermón de que la violencia no conduce a nada. Una pausa y sin mirarlo a su cara le fraile le dice a media voz: “lo que me extraña es que después de tantos años ahí sentado, viendo y escuchando las historias de las personas que no les queda otro remedio que venir para sobrevivir, sigas pensando que somos unos delincuentes”.  Sonó profundo, solvente.  Chechu calla y aprieta su culo. Por una vez se ha asustado. No habido quejas solo un comentario. Ha sido suficiente.  Se levanta y acude a su supervisora para ver cómo arreglarlo. Vuelve y el papel que falta, irrelevante pero que el sistema reclama para evitar el pago, ya no es necesario. Ventura Malvino se marcha abandonando una nota: “broken flowers, guacho”.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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